Arte, Violencia y Educación: Perú y sus caminos hacia la paz

Tanto en el Perú como en otros países la violencia es una constante que se percibe no sólo en las calles, sino al interior de los hogares. Trabajar la paz se ha convertido en una prioridad que debe ser abordada de manera conjunta, integral y de manera creativa. Es también relevante reflexionar sobre sobre las violencias vividas como la violencia política en Ayacucho. Sobre estas violencias y las formas en que se manifiesta escribí un libro denominado: Arte, Violencia y Educación: Perú y sus caminos hacia la paz, que me gustaría compartir a manera de resumen.

Este libro es fruto de una investigación que llevé a cabo entre los años 2013 y 2017, en la región de Ayacucho en el Perú. Esta región fue la más afectada por el Conflicto Armado Interno (CAI), en el que se enfrentaron el gobierno peruano y el Partido Comunista Peruano Sendero Luminoso (PCP-SL). La obra analiza el rol de los docentes en esta vorágine de violencia, que tuvo sus años más duros entre los años de 1980 y 2000.

El libro se construye sobre un conjunto de narraciones en las que se muestran algunos detalles de las vivencias y reflexiones de los docentes desde el entorno de la violencia y las acciones en la política educativa que siguió luego del conflicto.

Actualmente en un mundo de constantes cambios, no nos tomamos el tiempo para reflexionar sobre el impacto de las situaciones que enfrentamos día a día en una sociedad cada vez más globalizada, donde los partícipes y afectados por conflictos de distintos niveles forman parte de comunidades multiculturales.

Cuando estos grupos experimentan relaciones que llevan a la violencia, nos preguntamos cómo pudo prevenirse y necesariamente buscamos loas respuestas en la educación; sin embargo esta tarea implica para los docentes analizar a profundidad sobre los asuntos que deben considerarse para no caer en la violencia. Dentro de ellos están:

  1. Enseñar cuando llorar y reír

El escritor italiano Mantegazza en su libro – El olor del humo. Auschwitz y la pedagogía del exterminio –  inicia narrando un encuentro con un grupo de escolares en Auschwitz. Para ellos la visita a este campo de exterminio de judíos y opositores al régimen Nazi resulta un día de diversión. El autor narra, a manera de anécdota, que al final del día, durante el almuerzo, un alumno mirando la chimenea encendida pregunta si servirán carne de judío. Pasado el suceso, el autor reflexiona sobre el momento vivido y se lamenta no haber tenido una reacción adecuada frente a este grupo de escolares. Estos muchachos, que a simple vista no parecían malos alumnos, pero por sus actitudes no manifestaban mayor respeto frente al símbolo que representaba Auschwitz como una muestra de la tragedia humana. Se reprocha el no haber reaccionado a tiempo frente a ellos y que le habría gustado dar una cachetada no solo a aquel chico, sino, sobre todo, “a nosotros, los adultos, por no haber sabido enseñarle a ese adolescente cuándo llorar y reír y cómo comportarse cuando se visita un campo de exterminio”.

  1. Enseñar a partir de hechos y situaciones de violencia

Si ya antes en los gobiernos autoritarios se presentaba una brecha sobre la enseñanza tradicional frente a otras versiones, que se agrava más después de sucedidas las mismas. Para los autores Jelin y Lorenz, los docentes se ven confrontados entre enseñar de manera tradicional, con enseñar a partir de hechos y situaciones de tragedia. Mirado de otra forma, es cambiar la enseñanza de las grandezas de la historia de un país, por las tragedias más duras que se vivieron en los últimos años. En algunos contextos donde la situación política ha quedado debilitada y dividida, se agravan aún más las cosas, puesto que la alusión a ciertos momentos del pasado más reciente puede resultar incómoda para algunos grupos de personas o gobiernos de turno. Con ello, el temor de asumir el reto de enseñar el pasado de violencia se pone cuesta arriba para los docentes.

  1. Necesidad ética y política de los sistemas educativos frente a los pasados de violencia

En los actuales contextos de complejidad educativa, surge la necesidad de definir  criterios éticos y políticos tanto para los docentes como para  el sistema educativo que se enfrentan a la violencia. Es así que Freire define la acción de educar como un acto político que responde a los contextos en los que se desarrolla el acto educativo. Dicho de otra forma, no podemos dejar de mirar lo que pasa en el mundo, para establecer los parámetros educativos. Uno de los efectos de la violencia prolongada es el miedo, porque a través de él se van estableciendo rutinas y cuidados con el fin de proteger la vida y la de las personas allegadas. En la obra de Novelli, Guerra en las Aulas: Violencia Política contra los Sindicatos del Sector de la Educación en Colombia, los estudios que se realizaron al entorno del sistema educativo estimaron que

desde 1991 al año 2003, más de mil profesores habían abandonado su profesión permanentemente por miedo a la violencia. El mismo estudio reporta cómo entre 1991 y 2006, 806 educadores fueron asesinados, 2015 recibieron amenazas de muerte, 21 fueron torturados, 59 fueron desaparecidos”.

  1. Relatos oficiales vs. Relatos no oficiales

En el texto Las luchas por la memoria en América Latina: Historia reciente y violencia política, refiere que esta región ha vivido a lo largo de su historia diversos sucesos de violencia que fueron configurando las estructuras y sus relaciones actuales. Sin embargo, no es nada circunstancial que hayan existido fuerzas externas que alentaron la violencia como aquella que se dio durante la segunda mitad del siglo XX, en el contexto de La Guerra Fría. En estas circunstancias se desarrollaron toda una serie de dictaduras y regímenes autoritarios y a cuenta de ella se vivieron sangrientos episodios, que hoy son parte de los relatos oficiales y no oficiales.

Estos relatos han ido configurando, por la presión social de los intelectuales y la presión externa ya sea de las naciones u organizaciones, el establecimiento de formas de recordar las memorias de la violencia vivida. Este proceso si bien es un acto político, surge principalmente de las demandas sociales. Es así como a partir de 1980 se establece una ola de nuevas democracias en el sur de América Latina. Estas democracias asumen los retos de pasado y entonces surge la necesidad política de “recordar” los pasados violentos. De manera paralela comienzan a desarrollarse los estudios sobre las memorias de la violencia desde diferentes enfoques disciplinarios, que toman como modelo los estudios desarrollados principalmente en el Shoah. Para la comprensión de las implicaciones de la violencia desde la disciplina o el campo educativo tome como ejemplo el análisis de las vivencias de los docentes de una zona fuertemente golpeada por la violencia y que son pieza relevante en la construcción del pasado para las nuevas generaciones.

  1. Conocer los momentos de las memorias sobre las violencias: antes – causas, durante – formas, después – consecuencias

Considero importante que no solo se analicen las formas en cómo se desarrolló la violencia durante el Conflicto Armado en Perú; sino, también las causas que originaron este problema y que llegan hasta mucho después en las políticas implementadas. Estos dos momentos son claves en el análisis del conflicto. El Conflicto Armado en el Perú tuvo diferentes momentos. El primero es su inicio y expansión en la sierra sur, el segundo la llegada a las capitales de las regiones y el tercero es la intervención en zonas residenciales. Recién el conflicto se hace visible a todos los peruanos, luego de la explosión del primer coche bomba en una zona residencial muy exclusiva de Lima. Esta negación del conflicto se debía básicamente porque el mismo se desarrollaba en los andes, zona que no representaba el ideal del Perú y porque los muertos eran campesinos y soldados en su mayoría. Todos ellos pobres y que para muchos no entraban en el formado del modelo de ciudadano peruano.

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